Laia / Retrat #128

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“Et demanen que busquis un racó de Barcelona. Un racó que signifiqui alguna cosa. N’hi ha tants… Un lloc on m’hi senti a gust? El que vulguis.
La teteria, doncs. La que hi ha a Sant Domènec del Call. Aquella. Sí. Quan hi arribes ja has trepitjat mitja Barcino, has creuat la Barcelona medieval, has passat sense adonar-te per davant de la sinagoga més antiga de la ciutat i fins i tot has vist rastres de la Guerra Civil en una paret. Tot allà. Un grapat de segles. A pocs metres. En un lloc com aquest t’hi has de sentir bé a la força. Si t’agrada viatjar en el temps, és clar.
Si tenim sort i no fa massa vent, quan hi arribem ho notaràs de seguida. Tot el carrer fa olor a te. Olor d’espècies. No te’n pots escapar. Però avui el vent és fort. I l’olor s’escampa pel carrer, sí, però amb menys insistència que d’altres vegades. Tot i així, en un lloc com aquest t’hi has de sentir bé a la força. Si t’agrada viatjar amb els sentits, és clar.
I obres la carta. Com m’agrada aquesta carta! Tes verds, vermells, blancs, blaus, negres, … Però sobretot: la Xina, Japó, Marroc, la Índia, Nepal, Indonèsia, Malawi, Vietnam, Tailàndia, Corea… Havies vist mai una carta ordenada per països? En un lloc com aquest t’hi has de sentir bé a la força. Si t’agrada viatjar en l’espai, és clar.
Després arriba un te amb olor a terra mullada. Recordem Kiba, Kashgar o Chinguetti. I aprenem que Wabi-sabi és una filosofia japonesa que exalta la imperfecció de la bellesa. O la bellesa de la imperfecció. Tan se val. En un lloc com aquest t’hi has de sentir bé a la força.”

Lidia Amanda / Retrat #127

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“Barcelona tiene esa magia especial que pocas ciudades en el mundo pueden transmitir. Tiene brillo en sus días y en sus noches, en sus calles, en sus plazas y en su gente.
Es la ciudad de las aventuras, del amor y del no saber que pasará porque cada vez que sales de casa te puede ocurrir de todo. En Barcelona todo es posible y nada es imposible.
Por eso adoro sus noches, porque sé como empiezan, pero no como acaban. Y aquella noche fue una de ellas. Yo no iba a salir, de hecho había estado toda la tarde trabajando en mis cosas y aunque me habían propuesto un plan muy chulo en uno de los locales de moda de la ciudad que se llama Astoria, nadie se quería apuntar, así que pensé que la mejor opción sería ir a descansar a casa. Pero en ese momento me llegó un mensaje de un amigo que estaba en la fiesta y me dijo: va, vente! lo estamos pasando bien y conocerás a mucha gente nueva! Así que bueno, pensé que no perdía nada por ir y probar. Cogí un taxi y en 15 minutos estaba en la puerta del local. Entré, me pusieron la pulsera del reservado y me fui en busca de mi amigo. Efectivamente me presentó a mucha gente que estaba por allí y me lo estuve pasando bien, pero a ratos también me aburría un poco, así que decidí ir a la barra que había fuera del reservado a pedir un combinado. Mientras esperaba a que me sirvieran, justo al lado, habían dos chicos hablando, riendo y mirándome. Yo también les iba mirando pero sin más, hasta que de repente uno de ellos se acercó a mí y se presentó. Recuerdo que me dijo un nombre muy raro que no logré entender, y que me quería invitar a una copa. Era alto, con un color de pelo entre castaño claro y rubio cenizo y con unos ojos azules muy profundos y bonitos. Acepté porque me pareció simpático y a partir de ahí estuvimos hablando un buen rato dentro. Luego quería fumar y fuimos fuera del local a seguir hablando. Estuvimos un tiempo hasta que él y sus amigos dijeron de irnos a otra discoteca y me preguntaron si quería ir. No les conocía de nada y tenía dos opciones: arriesgar e ir a la aventura o seguir en la fiesta con mi amigo. Y como yo soy mucho de aventuras, decidí irme con ellos. Y no me equivoqué, porque estuvimos bailando sin parar toda la noche en la discoteca a la que fuimos, el chico me presentó a gente muy guay y divertida y él estuvo conmigo toda la noche. Lo que más me gustó es que estuvo pendiente de mí, me cogía de la mano, me abrazaba y estuvimos disfrutando mucho del instante, hasta que nos besamos y ahí todo ya tubo otro sentido. Realmente fue una locura, porque ahí también entrábamos y salíamos de una zona reservada, nos reíamos con sus amigos, íbamos a bailar sin parar al lado del DJ, hasta incluso entramos juntos en el WC del reservado porque sólo había uno. La cosa es que habíamos creado un vínculo de confianza en muy poco tiempo y no nos importaba nada. Pero la noche no acabó ahí, sino que fuimos a otra fiesta privada en un ático de la calle Balmes, en el cual se veían unas vistas espectaculares y había un DJ pinchando en una de las habitaciones, yo alucinaba! Era un piso grande, con portero y con mucha gente con ganas de pasarlo bien! Nunca había estado en una fiesta así! Bailamos hasta más allá del amanecer y reímos como nunca. Aquella noche parecía no tener fin y ser de una diversión infinita. Para mí era como estar dentro de una película porque las cosas iban sucediendo de forma improvisada y yo me dejaba llevar por el momento. Por el momento y el chico, que me encantaba. Yo no quería que esa noche terminara, pero el cuerpo tiene un límite y estábamos cansados a las tantas de la mañana, con lo cual, terminamos yendo a dormir juntos en casa de un amigo suyo, en un sofá, con toda la ropa de la noche, sin desmaquillarme ni nada. Todo se prestaba a que pasara algo más, pero estábamos todo el rato riendo y besándonos y cuando parecía que lo íbamos a hacer, parábamos porque nos entraba la risa. Así que nos fuimos a dormir. La verdad es que dormimos poco, y al despertarnos, cogí mis cosas y me fui. Nos despedimos con un beso y con la curiosidad de saber si nos volveríamos a ver…  Nunca lo sabremos, pero lo que sí que sé es es que conectamos muy bien y es de aquellas personas con las que sabes que alguna vez en tu vida tienes que cruzarte.”

Mamba / Retrat #126

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“Sovint penso que aquest racó del món m’ha fet reviure i pujar a la superfície tot i no ser on, precisament, em fico al mar a nedar. A casa i passat el temps, mon pare em recordà que ja al sofà gaudia mirant néixer el sol sobre el mar. Ho feia dia rere dia i jo pensava que mon pare no ho sabia. A partir de llavors va ser necessitat tocar la sal al vent gairebé cada dia, llibre en mà. El mar, el cel, la humitat creant núvols, creant-se colors d’instants irrepetibles… El cel i el mar es besen, els ocellls tararegen i criden la glòria dels moments. La paleta de colors mai repeteix la mateixa aquarel·la. Aquest trosset de Barcelona on tot es paralitza menys la meva voràgine particular que em dona força i serenitat. El meu búnquer que dins d’una Barcelona dura i complicada a cops, em fa somriure i em fa tornar a paladejar les coses com una nena. Que, ben mirat, és com es gaudeix tot, a consciència plena.”

Marta / Retrat #125

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“Amo esta ciudad. Yo la vigilo a ella y ella a mi, desde siempre. Hay un mirador en la Carretera de les Aigües (oficialmente Passeig de les Aigües) por el que llevo pasando desde que tengo uso de razón. Se encuentra en la tercera o cuarta curva, mas o menos frente a la calle Bellesguard. Mis primeros recuerdos son con zapatos de charol (llenos de polvo) en algún día señalado como el día de la palma o algún aniversario. Mis padres me llevaban a ese sitio mágico desde donde se ve todo. Imaginaba ese lío monumental de calles como si fuera mi tablero de juego, mi enorme cuarto de jugar. Desde ahí aprendí a trasladar a la realidad las calles del Monopoly.
Muchos años más tarde subía hasta allí con algún novio para pasear de la manita. Yo me sentía cómoda, era mi altar. Seguramente ya no le prestaba atención a la ciudad.
Estudié económicas y me convertí en auditora de cuentas. No perdí la costumbre de subir a visitar mi mirador, en ese momento seguramente ya para hacer deporte y olvidarme de mi rutinario, plomizo y bien pagado trabajo. Recuerdo como al volver a observar Barcelona mis ojos ya no veían calles de Monopoly. Calculaban balances, números y costes de oportunidad. Hoy en día, sigo subiendo, prácticamente a diario para hacer una caminata serena para quemar calorías y refrescar el alma. Hace ya 10 años que me convertí en fotógrafa y os prometo que desde que lo dejé todo para dedicarme a mi auténtica pasión, ya no he vuelto a mirar desde allí de la misma manera. Ahora veo lo que no se ve. La alegría, las penas y las ilusiones de los que habitan esta misma ciudad que llevo años observando y que trato de retratar con la mayor honestidad posible. Con los años lo he entendido por fin. Este mirador nunca estuvo ahí para que yo lo utilizara. Está allí para que la ciudad sepa donde mirar cuando se avecina tormenta.”

Rosa / Retrat #124

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“Recordo els diumenges a casa els pares, abans de dinar era l’hora del vermut; sèiem al voltant d’una taula plena d’engrunes i escuradents encisats per aquella barreja d’olors: les escopinyes, els seitons i els musclos en escabetx, una ampolleta de salsa Espinaler, les patates fregides que l’avi havia portat de la xurreria del barri, el vermut blanc o negre, amb un tall de taronja i una oliva (cal dir que l’àvia preferia el bitter). Sempre ens acompanyava la divertida ampolla de sifó, ben enreixada en una malla de colors i que tots volíem prémer i riure amb les seves esquitxades. Acabàvem amb les típiques baralles per veure qui es bevia el suquet que hi quedava als plats … era diumenge, era el moment en que tots els de casa estàvem junts i gaudíem sense pressa del dia. Sóc de Barcelona, fer el vermut és aquell moment del migdia que la ciutat ens convida a parar i a tenir una bona conversa amb essència a Mediterrani com si fossis a casa.”

Pia / Retrat #123

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“Aquell viarany de terra que se’n deia Camí de Jesús i que unia el poble de Gràcia i la Porta de l’Àngel per entrar a Barcelona, ha esdevingut el Passeig de Gràcia, un dels carrers més amples de la ciutat. Avui hi ha afegit moltes gràcies. Edificis com la casa Batlló, la Pedrera i altres elements modernistes que il·luminen l’esperit dels vianants i fa que ens hi sentim en un món de fantasia i quotidianitat. Però també edificis simplement moderns, eclèctics, neogòtics o racionalistes. Del Cinc d’Oros a la plaça de Catalunya. Una artèria alhora plena de brogit i de calma. De color. De la il·lusió i l’artifici. Arbres, llum i gent. Sovint riallera i amb els ulls espurnejants per contemplar tanta bellesa. I les artèries que la travessen, per superfície i soterrani, ens connecten amb la vida quotidiana i la vida real. Passejar per aquest indret fa honor al seu nom. D’un cor que batega i que és un senyal d’identitat. “

Olalla / Retrat #122

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“Triar un sol lloc no és fàcil. La millor pel•lícula? La cançó preferida? El pare o la mare? Només un únic lloc d’una ciutat que m’estimo molt??… Havia pensat en la Zona Franca. És el meu barri, el de la meva família i hi estic estretament vinculada. Però és que també m’agrada molt el Turó Parc. Bé, m’agraden tots els parcs perque hi ha plantes i les plantes m’apassionen. A més fins fa poc, en aquest parc passava algunes hores amb els meus 3 nebots, mirant les tortugues del llac, amb aquells nenúfars tan exuberants. I a sobre em porta records d’infància de diversió i felicitat. Alguns diumenges els meus pares ens portaven a mi i a la meva germana a veure “polichinelas”. I aquests significaven matins de riures, amb el sol fred dels dies d’hivern. Records bonics. Tinc una imatge molt clara dels nens, de les titelles, de nosaltres quatre. Potser només és una sensació. O un sentiment. Sigui com sigui, el Turó Parc m’agrada.”